R.E.L.

Dios y la democracia

Lo publiqué el jueves, 17 de mayo de 2007

Un compañero de trabajo nos lanzó una pregunta por email: Es acaso Dios demócrata? Su inquietud surgió mientras el analizaba la democracia como sistema político ideal y también se preguntaba si todo hombre tiene en su corazón el anhelo de democracia. Yo le contesté de la siguiente forma:

Estimado,
Para responder a la pregunta ya planteada, es necesario saber que la concepción religiosa que por lo normal se tiene de Dios lo cataloga como un ser omnipotente e infalible y por lo tanto se asume que El no necesita la ayuda de nadie. Religiosamente Dios es un monarca, un Rey. La concepción cristiano-protestante acepta que Dios es una trinidad y que Jesucristo su hijo es intercesor (políticamente sería un príncipe, pero total es el mismo Dios). La Iglesia católica tiene una idea aristocrática en el cual los santos también interceden e influyen en las decisiones de Dios. El hombre tiene hasta cierto punto derecho a influir en esas decisiones pero su rol se reduce a aceptar la voluntad de Dios. El único que exigió democracia en el Cielo fue Satanás el cual creía que también tenía derecho a gobernar y ya todos conocen el destino de este.

En cuanto a si el hombre tiene un anhelo natural de democracia, podría decir que la democracia es una solución a que todos tenemos un anhelo de poder, de opinar, ser escuchado y de que su voluntad se lleve a cabo.

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The Pope and me

Lo publiqué el jueves, 26 de abril de 2007
Este es un viejo email que envié a mis amigos hace dos años cuando aun era seminarista:


Dios tiene una manera muy simpática de hacer las cosas. El año pasado estuvimos de peregrinación en Roma, visitamos la tumba de Pedro y las oficinas de 4 Obispos. Exactamente el día en que yo de peor estaba, nos toco visitar al Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, Josef Ratzinger. Yo estaba cansado de todo, no tenia ganas de estar saludando obispos, solo tenia ganas de irme a casa. A las 12:00 nos recibió su eminencia, luego de saludar a los formadores del seminario se acerco a mí y me pregunto:

- Wo kommen Sie her?(De donde viene Usted) Luego de besarle la mano le contesté:
- Aus der DominikaNÍchen Republik.(esto no necesita traducción, el caso es que acentué la palabra en "NI") y el me dijo:
- Ach So! Aus der DominiKÁnichen Republik.
El es alemán y tenía toda la potestad de decirme que lo pronuncie mal. De todas formas el saludarlo no me había devuelto la alegría.(Ver Foto)



Siete meses mas tarde celebramos en Colonia el cumpleaños de Mons. Paul Cordes y Ratzinger dio la homilía en la Misa. Al final de la celebración, me encontré con el en un pasillo y me dijo:

-Sie kommen ja aus Indien?(seguro que usted es de la India, claro que no se acordaba de mi) A lo que yo le respondí con toda alegría.
-Nein, Herr Kardinal!(no señor Cardenal) Ich komme aus Santo Domingo.
-Entschuldigung(excúseme)
Un error lo comete cualquiera, pero para mi era algo extraordinario el hecho de que Teólogo mas relevante de la Iglesia actual cometiera uno hablando conmigo.
Y ayer Dios lo eligió para Papa. A veces nadie sabe con quien esté hablando realmente, yo conocí al Papa, sin tener ganas de conocerlo, y pesar de que hoy el es Su Santidad y yo sigo siendo un simple pecador, ambos hemos experimentado al menos una dificultad del otro(pronunciación y reconocimiento de nacionalidades).

Me alegro mucho de que el sea el Papa. El domingo volveré a verlo, aunque de lejos, ya que en Roma habrá demasiada gente. Pero estaré allí para gritar:

Benedicto(o mejor dicho Bendito sea el Papa!)

Eran buenos tiempos pero espero no volver a tener esa cara bajo ninguna situación.

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Hablar de Religión

Lo publiqué el jueves, 15 de febrero de 2007
Cuando hablo de religión con mis amigos me resulta incomodo combinar la tolerancia y la radicalidad, es difícil no terminar imponiendo mi credo, mis dogmas y mis concepciones morales.

Siempre las conversaciones religiosas nos llevan a la misma pregunta: “Entonces ¿quien se salvará?” La radicalidad podría llevarme a decir que fuera de Cristo no hay salvación, ya que nadie va al Padre si no es por El. Pero luego me detengo y pienso que puede que yo como católico no me salve y el día del juicio vea muchos musulmanes y budistas entrando al cielo. Este pensamiento puede llevar a cualquiera a pensar que la religión no salva. Pero veamos, ¿Qué es una Religión? Una religión a simple vista parece ser un conjunto de métodos y doctrinas por las cuales el hombre trata de encontrarse con Dios. Esta definición me alivia ya que yo no pertenezco a una religión. Ustedes dirán ¿Cómo que no perteneces a una Religión? Tú eres católico!

Soy católico y en principio comencé a buscar de Dios hasta un día en que alguien me dijo que estaba equivocado, que realmente era Dios el que me andaba buscando, que Dios es el que llama y no el hombre quien se ofrece, descubrí que Dios estaba enamorado de mi persona y que yo era quien lo rechazaba, que el Dios de la Biblia es un Dios que se mete en la vida del hombre y no es el hombre quien encuentra a Dios. Desde ese momento me di cuenta de que el cristianismo no era una religión y que se trataba de un encuentro con Cristo pero es el hombre quien tiene que dejarse encontrar.

¿Pero que hay de los que no son cristianos? La respuesta a esta pregunta es muy fácil: Dios es Amor! Los cristianos buscamos ser como Cristo y ser como Cristo no se reduce simplemente a no fornicar, a no abortar, a no drogarse, rezar mucho, ser heterosexual o célibe, no robar, no matar, etc. Esto lo puede hacer cualquiera sin ser cristiano, solo bastaría tener buenos principios. Ser Cristiano es amar como Cristo: hasta el extremo! Amar incluso al enemigo, al que te odia, al que te mata. Por lo tanto creo que todos seremos juzgados en cuanto al Amor, si existe alguien que no sea cristiano y pueda amar a su prójimo como a si mismo significa que Dios vive en el y por lo tanto tiene parte con Dios en su Reino. El problema está en si es fácil amar de esta forma con el simple hecho de proponérselo. Le soy sincero: NO SE PUEDE! Yo por mis fuerzas no he podido llegar a ese extremo. Por eso necesito congregarme y aprender a amar junto con mis hermanos de comunidad. Quien crea que puede lograrlo de otra forma se la respeto.

El problema se ha resuelto fácil: no hablemos de Religión, hablemos de Amor, mejor dicho de Dios.

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Razón y Creencia

Lo publiqué el viernes, 2 de febrero de 2007
Este cuento fue escrito por un viejo amigo, espero que lo entiendan.

Se hallaba en cierta ocasión Nasruddin -que tenía su día filosófico- reflexionando en alta voz: «Vida y muerte... ¿quién puede decir lo que son?». Su mujer, que estaba trabajando en la cocina le oyó y dijo:
«Los hombres sois todos iguales, absolutamente estúpidos. Todo el mundo sabe que cuando las extremidades de un hombre están rígidas y frías, ese hombre está muerto».
Nasruddin quedó impresionado por la sabiduría práctica de su mujer. Cuando, en otra ocasión, se vio sorprendido por la nieve, sintió cómo sus manos y sus pies se congelaban y se entumecían. «Sin duda estoy muerto», pensó. Pero otro pensamiento le asaltó de pronto: «¿Y qué hago yo paseando, si estoy muerto? Debería estar tendido, como cualquier muerto respetable». Y esto fue lo que hizo.
Una hora después, unas personas que iban de viaje pasaron por allí y, al verle tendido junto al camino, se pusieron a discutir si aquel hombre estaba vivo o muerto. Nasruddin deseaba con toda su alma gritar y decirles: «Estáis locos. ¿No veis que estoy muerto? ¿No veis que mis extremidades están frías y rígidas?». Pero se dio cuenta de que los muertos 'no deben hablar. De modo que refrenó su lengua.
Por fin, los viajeros decidieron que el hombre estaba muerto y cargaron sobre sus hombros el cadáver para llevarlo al cementerio y enterrarlo. No habían recorrido aún mucha distancia cuando llegaron a una bifurcación. Una nueva disputa surgió entre ellos acerca de cuál sería el camino del cementerio. Nasruddin aguantó cuanto pudo, pero al fin no fue capaz de contenerse y dijo: «Perdón, caballeros, pero, el camino que lleva al cementerio es el de la izquierda. Ya sé que se supone que los muertos no deben hablar, pero he roto la norma sólo por esta vez y les aseguro que no volveré a decir una palabra».


Anthony de Mello

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